La revolución virtual que mueve el mundo
Hubo un tiempo en que al entrar en casa, el buzón se abría con cierta emoción. En que los sabios y los intelectuales hundían sus cabezas en libros polvorientos. Hubo un tiempo en que quien pasaba más horas en el despacho era el más ufano empleado y el holgazán era el que se quedaba en casa. Un tiempo en el que para comprobar dónde caía exactamente la capital de Noruega hacía falta una enciclopedia, un atlas o alguien experto al lado. En esos días, había cartas de amor que olían bien con rúbricas temblorosas. Quien sabía más de música era quien se pateaba más tiendas de discos. Quien sabía más de todo era el profesor. Para comprar hacía falta ir a mirar. Para sacarse una carrera era necesario ir a clase. Para ligar hacía falta salir. De ese tiempo sólo hace diez años. Diez.
Internet ha cambiado las costumbres, ha encogido el mundo y nos lo ha puesto en la bandeja de nuestro ordenador. Nadie hasta ahora lo había logrado, y la fascinación ha sido absoluta. El éxito de la red se mide en cifras. Más de 1.100 millones de usuarios en el mundo, 315 millones de ellos en Europa, más de 13 millones en España. Pero también puede medirse en acciones. Sin ir más lejos, en los programas políticos de las últimas elecciones municipales había partidos que prometían la creación de redes wi-fi para conectarse sin cables en cualquier calle, parques, o en las playas. Otro ejemplo: sabe que un video montaje colgado en YouTube en el que Hillary Clinton aparece como el Gran Hermano orwelliano puede hacer temblar su campaña política diseñada con la más absoluta precisión.
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